Estrategias para llenar un ego hay muchas. Cada una tiene la suya. Porque hay tantas como egos; y tantos egos como personas.

El ego. Curioso habitante de nuestra personalidad. Siempre ávido, ansioso y hambriento. El ego es insaciable: más le das más quiere. Y crece dentro de ti como un parásito que va minando esa personalidad en la que al principio sólo habitaba. Hasta que la domina.

¿Cuándo sabemos que el ego nos domina? Realmente nunca lo sabemos. Nos damos cuenta siempre cuando ya lo ha hecho, y, cuando la mayoría de las veces el daño ya está hecho. Porque el ego es como una droga: la tomas, pero los posos se notan después. Y esos posos son sinónimo de daño, dolor, malos sentimientos, culpa, rencor,...

El ego es algo que corroe por dentro y cuando el daño ya está hecho, entonces, nos damos cuenta de que hay que extirparlo. Y esa es la peor sensación de todas. Limpiarnos por dentro, mientras vemos todo el dolor que hay fuera.