Comer en el parque
A veces, cuando tienes la cabeza en otra parte, todo lo que pasa a tu alrededor te recuerda a lo que no para de dar vueltas dentro de tu cabeza.
No hace tiempo de comer en el parque, llueve, hace frío y los bancos no están mojados, pero tienen destilan sólo con mirarlos esa sensación de humedad de varios días. Hoy no me ha importado. Me he sentado a leer un libro que me acabo de comprar. Una compra de esas que llaman impulsivas, que se hacen sin pensar. Alargas la mano, das con algo que te gusta y vas directamente a la caja. No soy propensa a las compras impulsivas, pero debo atarme en corto en las librerías.
He notado el banco frío por encima de la ropa. Ya he dicho que tenía la cabeza en otra parte. Pero el libro me ha enganchado. Se me ha pasado el tiempo y las páginas volando. Justo en el momento antes de mirar el reloj para descubrir que de nuevo llegaba tarde, he dado con algo que me ha sacado de mi estado de aturdimiento. No tengo claro si después de esto deberé creer en al azar, destino o providencia.
Usted hace lo que tiene que hacer, y luego ocurren cosas. Buenas o malas, indistintamente. Así es como tiene que ser. Nosotros podremos ser los que sufren, pero siempre habrá un motivo, una buena razón, y el que se queje es que no entiende lo que significa estar vivo.
Pues bien. Las cosas que hago tienen consecuencias. Buenas. Malas, a veces peores. Pero eso significa que estoy viva y que lo que hago es por una razón, por un motivo. Que para mi, ahora, con el frío del banco aún en el culo, es suficiente.





jaytower dijo
Realmente cuando nos moldeamos como personas y lo que forza nuestro caracter son las etapas de sufrimiento de nuestra vida, la felicidad es un estado muy cómodo donde apenas evolucionamos.
13 Febrero 2007 | 08:09 PM