He desempolavado mi antigua libreta negra. La verdad es que no la buscaba. Uno de esos domingos en los que no sé porqué extraña razón me levanto con ganas de poner patas arriba mi casa y rebuscar debajo de cualquier rincón para no dejar ni una sola mota de polvo con vida. Uno de esos domingos. Sí, tengo esos puntazos de poner la música a todo volumen y anudarme un pañuelo en la cabeza como en las películas del American Way of Life de los 50.
Sonaban The Animals, mi última adquisición del rastro. Y allí estaba yo levantando alfombras. La libreta simplemente apareció. Creo que se cayó desde una balda a la que le dí un golpe con la escoba, que yo no tengo aspiradora. Ahora que lo pienso, la estampa del pañuelo en la cabeza y la escoba es mucho más creíble que si tuviera aspiradora.
Debí golpear la estantería. Me giré y estaba allí. Con los bordes raídos. Las hojas y recortes sobresaliendo por los lados. Y sus miles de recuerdos y de historias en su interior. Me hizo pensar en la cantidad de sitios en los que he estado con ella. En las mesas de bares y terrazas donde la he sacado para escribir mi alma. Ella sabe más de mi que muchos de los que me conocen. Pero sabe guardar bien los secretos. Es fiel y siempre está dispuesta a que recordemos buenos y malos momentos juntas.
Sería lo inesperado del reencuentro. Sería que era domingo. Sería que esa mezcla de limpiacristales y polvo había provocado algún efecto no deseado. O sería mi querido, adorado y siempre esperado sídrome premestrual. El caso es que no sé porqué sería pero cuando me di cuenta estaba llorando. No leía, no me hacía falta, sólo pasé las hojas y no pensaba, sólo pasaban imágenes.
No fue triste, ni melancólico. Sólo fueron recuerdos, y algunos de ellos bonitos. Si es que no se puede salir impune de un domigo como el mío. Sólo sería una mota de polvo. He dempolvado mis ojos y mi antigua libreta negra.

Las motas de polvo son las más peligrosas, bien lo sabe John Connor. Los recuerdos siempre son máquinas del tiempo, nos llevan al pasado para hacernos ver haciendo el ridículo y no es agradable.
Pero el pasado ha pasado y precisamente porque es pasado sólo hay que recordarlo. El futuro es de los conquistadores, y de los vaqueros y vaqueras ;)
Fuerza y honor.