Quiero saber rico, tener un sabor recordado por intenso y brillante. No sé si dulce o salado. Prefiero dulce, me gusta más el dulce. Tiene ese regusto que permanece en la boca más tiempo y me hace paladear. Quiero saber dulce.

Aunque el salado tiene un atractivo especial, un aire cercano y accesible. Como una flor de campo y una de jardín.

Me encantaría poder decir que mi piel cambia de color con el sol. Que a ratos es dulce y a ratos, salada. Que a veces es común y otras delicada. Poder salir al sol y saber que, quien pruebe mi piel, saboreará esa mezcla dentro de su boca.


Lame mi piel al sol y sabrá a pasteles de chocolate. Si lo haces con el frío y esa luz oscura del invierno es probable que te cueste más decir a qué se parece ese sabor. Los salados son siempre más difíciles de identificar.

Pero pruébame, lámeme tantas veces que recuerdes mi sabor, ya sea invierno o verano, sepa dulce o salado, sea flor salvaje o de jardín.

Hazlo tantas veces que no importe como sepa, tú sabrás que soy yo.