Nos acostumbramos rápido a lo bueno. !Qué fácil es hacerse a oir cosas bonitas! Dicen que el olfato es el sentido que antes se acostumbra a un olor, yo creo que es el oido. Las palabras ejercen sobre nosotros un efecto hipnótico, narcotizante, como una luz que no podemos dejar de mirar.

Los piropos, los halagos, las alabanzas aderezan nuestra vida con un algo dulce que es difícil de definir, pero del que es más difícil desprenderse. Y todos somos golosos. Con un poco de cuidado quizás podamos evitar empacharnos. Pero ¡qué facil es llenarnos de palabras bonitas! Acabar siendo pretenciosos y autosuficientes. Mostrando esa creida superioridad.

Nos hacemos dependientes de los piropos, somos adictos a los halagos, estamos supeditados a las frases bonitas... ¿A quién no le gusta sentirse deseado, amado, necesitado, valorado, querido? Somos golosos, procuremos no ser glotones.