Si hago un repaso de estas dos semanas, me doy cuenta de que he sido yo pocas veces. Esa yo que me gusta, no la yo triste, nerviosa, oscura, irascible y apagada que sólo se limitaba a sobrevivir. Si me atrevo, puedo incluso confesar que he sobrevolado por encima de todo estos días, intentando no implicarme demasiado en nada. Estaba demasiado cansada para todo. Me agotaban las conversaciones demasiado largas, me enfadaban tonterías sin sentido, me cansaba pensar,... Todo era un esfuerzo, y yo me limitaba a ir por la superficie.
Pero ayer fue un día de punto y a aparte. Se me cayó la venda de los ojos, me dí cuenta de que los tenía cegados por un falso compromiso que yo misma me había impuesto. Asumí mi verdadero papel en todo esto y el de la persona en la que yo creía. Un nuevo rol para los dos. Yo he salido reforzada, él ha salido perdiendo. Y no me preocupa decir en alto, gritarlo si hace falta, que hay cosas que no se hacen, cosas que no se dicen y otras, que ni siquiera deben pensarse.
De todo esto no me di cuenta yo sóla. Necesité muchas lágrimas y a mucha gente. Lágrimas de rabia, de impotencia, de decepción, de ese tipo de lágrimas que caen gordas y pesadas y, por mucho que trates de reternlas, se escapan irremediablemente. Y, sobre todo, he necesitado a la gente. Algunos lo leerán y otros, no, pero quiero darles las gracias a todos. Por llamar, por interesarse, por los abrazos a unos cuantos kilómetros de distancia, por el apoyo, por robarles tiempo a sus obligaciones,... Gracias.
Dicen que de las adversidades uno debe salir renovado. Yo prefiero pensar que ahora soy más fuerte, he dejado de ser oruga para ser mariposa, he aprendido. Sé que seguiré necesitando que me lleven de la mano, pero ahora tengo más claro quién me la tiende porque lo siente y quién por su propio benficio. He reconocido lo que antes no veía y no pienso volver a dejarme obnuvilar por falsos amigos y palmaditas interesadas en la espalda. No quiero que me hagan sentir alienada, anulada y miedosa para casi todo. No.
Tengo suerte de estar aquí y de tener esta oportunidad. Debo seguir ganándomelo, y voy a luchar por ello. Pero teniendo claro a quién dejo que camine a mi lado. No más lágrimas, no mas disgustos, no más palabras vacías, no más falsos amigos. Ahora sólo yo.
P.D. Raúl , profeticamente, hoy llevo jersey rojo, ese de la vitalidad, el que estimula, vivifica y me activa. ¿Casualidad?

Creo que no es casualidad baby, necesitas del rojo lo que él te puede aportar, lo que necsitas, el te escoge a tí, tu sabrás, yo intuyo....
Besos vaquera!!! Never again...
Sólo vale ganar, vaquera, el color es lo de menos, somos nosotros y estamos aquí, ahora, luchando porque todo funcione.
Fuerza y honor.