Mi historia con los nudos viene de lejos. Muchas veces me asalta la sensación de tener un nudo dentro de mi pecho. Un nudo muy enmarañado, de hilo negro y fino, de esos que cuesta desatar. Y cuando se aprieta, cuando tira, cuando crece, cuando se lía aún más, me deja una angustia interior. Me cuesta concentrarme, expresarme, pensar, trabajar,...
Mi nudo y yo nos conocemos desde hace tiempo. Desde que escribo, desde que me esfuerzo por poner un poco de orden en mi cabeza, desde que todo da vueltas demasiado deprisa. Porque siempre he pensado en escribir como una terapia, como un salvavidas, como una válvula de escape. Y ahora, más que nunca, mi nudo y yo estamos otra vez juntos.
He abierto y cerrado mi blog muchas veces desde el domingo, las mismas que
he pensado en escribir algo, y he apoyado los dedos en el teclado. Pero
no me salen las palabras. Hay veces que cuando no podemos hablar
decimos que tenemos un nudo en la garganta, yo tengo los dedos llenos
de nudos. Nudos que se entrelazan unos con otros y que no me dejan
escribir. Tengo nudos que me lían los pensamientos y pensamientos
liosos llenos de nudos.

Es jodidamente exasperante esa sensación de no saber ni poder hacer nada porque no sabes siquiera como expresar lo que te pasa por muy claro que lo tengas (que en mi caso es casi nunca).
No desfallezcas, estas cosas se van pasando.
Ánimo vaquera...
Besos desde Granada
Alberto
Es lo que sucede cuando hay que hacer lo que hay que hacer...
Fuerza y honor.