Mi viaje al abismo no me ha llevado a nada, pero ¿no es ahí dónde hay que ir para descubrir cosas nuevas?

El sufrimiento es reflexión y el padecimiento nos confirma que somos y estamos, que existimos. Nos obliga a mirarnos por dentro y a traspasar la coraza protectora.

Creo que el objetivo de todo esto es salir de ese abismo, y para ello es necesario apretar los dientes. Lamernos las heridas el tiempo justo. Y renacer de nuestras cenizas. No diré como el ave fénix, sino como un yo renovado. Dejando de ser uno mismo para ser sencillamente uno.