De vuelta. Sí. Otra vez. De nuevo. Después de una semana de descanso, vuelven las prisas para llegar a todo, porque, en qué poco tiempo se olvida uno de las costumbres de los días de labor...

Del despertador, y de prepararse la comida de víspera, de andar deprisa para llegar a todo y de retomar la rutina. Y cuántos mails en el buzón, cuántas caras de sueño, cuanto por leer, y por ponerse al día.

Porque después de siete días enteros sin saber nada de la pantalla del ordenador, ésta vuelve a dar señales de vida. Tras siete días sin escribir más que por placer, hoy es una obligación. Después de una semana entera sin hablar por teléfono más que con amigos y familiares, esta mañana el incansable 'ring ring' no da tregua.

Sin embargo, tengo una extraña sensación; como si hubiera dejado atrás el oasis y volviera a caminar por el desierto. Pero calmada mi sed, llena de voluntad. Con las cosas (algo) más claras, la mente despierta.

Al trote, con velocidad de crucero. Como el que sabe lo que le espera y por eso no espara nada.